La agresividad
COMO AUTOAFIRMACIÓN

Gabriela Oseguera Altamirano[*]



El incremento de la agresión y la violencia denota que la educación en el respeto y la tolerancia aún es poco efectiva y que hay que tomar conciencia sobre las causas que dificultan una sana relación padres-hijos o maestros-alumnos. En el trabajo clínico se ha percibido que existe poca conciencia sobre las formas sutiles y pasivas con las que madres, padres y maestros agreden y dañan psicológicamente a niños y adolescentes sin saberlo; asimismo, las personas adultas tienden a interpretar algunas de las conductas de los jóvenes como agresivas, cuando, en realidad, detrás de su comportamiento existe la necesidad de cuidar de su integridad y dignidad.




c Por qué la afirmación de uno mismo es tan importante

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española define la autoafirmación como “seguridad en sí mismo, defensa de la propia personalidad” (RAE, 2022), característica presente en todos los seres humanos que facilita la expresión, el entendimiento y la empatía. Gracias a ella, niñas, niños y adolescentes aprenden a defender sus intereses y sus derechos, a exponer sus opiniones y expresar sus emociones con sinceridad. La autoafirmación es una necesidad emocional y un componente fundamental de la autoestima; sin ella, se puede caer en la pasividad, sumisión o dependencia.

Alrededor de los dos años, cuando los niños empiezan a desplazarse sin el apoyo de los adultos, se comienza a hacer evidente la necesidad de la autoafirmación. Como parte del egocentrismo que se extiende hasta los 7 u 8 años, dado que los menores creen tener la razón y desean que se cumpla lo que ellos quieren, necesitan del acompañamiento y guía de adultos firmes y amorosos. Por otro lado, debido a que surgen el “no”, el “por qué” y el desafío como manifestaciones de las necesidades emocionales, es preciso que madres, padres y maestros los traten con comprensión y tolerancia para apoyarlos en su proceso de diferenciación, autoafirmación y formación de la identidad.

En cuanto a los adolescentes, suelen cuestionar y oponerse a las ideas de los adultos, porque su principal objetivo es encontrar bases sólidas sobre las cuales fundamentar su identidad. Así, la oposición a las normas sociales y familiares aparece como un modo de construir y afianzar dicha identidad. Por ello resulta imprescindible que los adolescentes puedan participar de forma activa, negociada y con límites claros en cuestiones que les afecten, por ejemplo, en la elaboración de normas y, en consecuencia, en la construcción activa de una moralidad convincente y asertiva.

Es común que los intereses de los adolescentes no coincidan con los de sus padres y que esto genere malestar, insatisfacción e incluso conflictos. Sin embargo, conviene recordar que los enfrentamientos forman parte de la vida y pueden considerarse necesarios para el desarrollo de la autoafirmación. En ese sentido, es importante tener presente que la autoafirmación no significa que haya un problema de conducta y tampoco implica un cambio de personalidad.


Es común que los intereses de los adolescentes no coincidan con los de sus
padres y que esto genere malestar, insatisfacción e incluso conflictos

c La autoafirmación como agresividad positiva

Si bien los padres, madres y maestros pueden sentirse dañados y atacados por las conductas de sus hijos o de sus alumnos, es relevante que aprendan a diferenciar entre los comportamientos que son resultado de la agresividad como conducta positiva –entendida como rasgo biológico del ser humano, que promueve los valores básicos de supervivencia, protección y preservación–, y aquellos que son producto de la agresión como conducta negativa.

La Real Academia Española define agresión así: 1. “Acto de acometer a alguno para matarlo, herirlo o hacerle daño, especialmente sin justificación”, 2. “Acto contrario al derecho del otro”; y define agresividad en términos de “acometividad” como “Brío, pujanza, decisión para emprender una cosa y arrostrar sus dificultades”, es decir, hacer frente a los peligros o dificultades con valor y entereza. En relación con lo anterior, en su estudio sobre adolescencia y agresividad, Fabiola Muñoz afirma que “la agresividad hace referencia tanto a una conducta negativa de atacar, hacer daño a otro, como a una conducta positiva de autoafirmación, coraje y toma de decisiones” (2000, p. 83). Por las necesidades emocionales básicas de ser, pertenecer y ser amado, existe la tendencia arraigada en todo ser humano a buscar sentirse a salvo y seguro; por ello cuando las fronteras de su persona se ven vulneradas y se siente amenazado, se dispara la agresividad.

Algunos padres, madres y maestros interpretan la oposición, la confrontación, los cuestionamientos y la desobediencia de parte de sus hijos o alumnos, como faltas de respeto, conductas negativas, ya que dichos comportamientos les provocan temor a perder la sensación de control y seguridad que necesitan y que no saben cómo mantener. No obstante, los cambios de las etapas evolutivas de la niñez y la adolescencia exigen de parte de las personas adultas una actuación con flexibilidad, tolerancia, escucha, comprensión y empatía.


Los cambios de las etapas evolutivas de la niñez y la adolescencia exigen de
parte de las personas adultas una actuación con flexibilidad, tolerancia, escucha,
comprensión y empatía

c Cuando la autoafirmación no fluye

Gastón de Mézerville (2004), citado en Naranjo (2007), hace referencia al hecho de que cuando la autoafirmación no es permitida ni fomentada en su entorno, es común que el individuo aprenda a dudar de sí mismo, a crecer con inseguridad y desconfianza, a sentirse poco valorado y tomado en cuenta. Conforme estas actitudes se prolongan, es previsible que los chicos lleguen a anularse ante las oportunidades de expresarse, que se abstengan de participar y decidir por temor a equivocarse, o que guarden tal impotencia y frustración que sus emociones acaben por manifestarse a través de conductas agresivas, con el objetivo, consciente o inconsciente, de exteriorizar su enojo. Esto conduce a un desgaste emocional prolongado que, de presentarse, requerirá la atención de un especialista para su adecuada comprensión y manejo.

Cuando los adolescentes se sienten intimidados, desaprobados, excluidos, atacados, devaluados o limitados por sus padres o maestros, y no logran avanzar en su proceso de autoafirmación, es común que, incluso sin darse cuenta, opten por protegerse a través de una conducta defensiva y no escuchar ni pensar racionalmente, porque se sienten amenazados. Esto les dificulta aprender de sus experiencias y asumir la responsabilidad de sus acciones. A su vez, ese comportamiento defensivo tiende a desencadenar la actitud defensiva en otras personas de su entorno. Si se ignora esta situación, la persona que actúa a la defensiva permanecerá en ese estado de temor, cada vez más atenta a las amenazas percibidas, y podrá tomar represalias, con lo que mantendrá un ciclo de defensividad y agresión.

En su tesis sobre la violencia, Rollo May “manifiesta que en todo ser humano hay distintas formas de poder: poder de ser, autoafirmación y autoaserción [autoconvencimiento], y observa cómo la frustración a los esfuerzos para obtener la satisfacción de necesidades elementales: amor, respeto, éxito, prestigio, se canaliza mediante conductas violentas” (citado en Stingo y Zazzi, 2005, p. 180).

c Cómo promover el proceso de autoafirmación en los chicos

Si bien los adultos pueden tener la buena intención de disciplinar y guiar a niños y adolescentes, a veces no son conscientes de lo que hacen y sus conductas pueden repercutir negativamente en las necesidades emocionales de éstos, incluida la necesidad de autoafirmación.


Los adultos pueden tener la buena intención de disciplinar y guiar a niños y
adolescentes, pero a veces sus conductas pueden repercutir negativamente
en las necesidades emocionales de éstos


Gómez y Agudo sostienen que “en numerosas ocasiones las reacciones negativas de los adultos se derivan de la inexperiencia, la incompetencia, la ignorancia y prejuicios e ideas erróneas” (2002, p. 14).

Al respecto, en su libro Creer en la educación. La asignatura pendiente (2021), Victoria Camps menciona que también influye el hecho de que muchos adultos creen que la misión de la educación es que los chicos obedezcan y crean todo lo que dicen los mayores, no obstante que “educar” significa “extraer de la persona lo mejor que lleva dentro” (p. 10). Siendo así, la autoafirmación cobra especial relevancia en los chicos y chicas en su proceso de aprender a defender sus intereses y derechos.

En este sentido, se plantean las siguientes sugerencias para madres, padres y maestros:

  • Disminuir el control o la rigidez y mostrar apertura ante las diversas opiniones, emociones e intereses de sus hijos o alumnos.

  • No imponer sino explicar la relación de lo que creen que es adecuado, desde el tema del cuidado personal.

  • Limitar el manejo de la sobreexigencia y evitar la recriminación y autorecriminación.

  • Evitar las conductas prepotentes, esto hace dudar a los chicos sobre sus propios conocimientos e ideas.

  • Desarrollar con valentía la aceptación de sus propias conductas y responsabilidades, sobre todo si se equivocan o cometen algún error.

  • Mostrar apertura ante los cuestionamientos que hacen los chicos como resultado de su curiosidad y capacidad de reflexión.

  • Comprender, aceptar y respetar actitudes o conductas que no cumplen con sus expectativas. Dialogar al respecto sin recurrir a la burla, el sarcasmo o la desaprobación.

  • Definir las maneras en las que se permitirá manifestar el enojo y frustración y las que resultan inaceptables por traspasar los límites del respeto mutuo.

  • Prohibir que se ridiculice o se exhiba a los chicos.

  • Facilitar la comunicación cuando los chicos cuentan con información sobre temas perturbadores, ya que así se puede comprender la manera en que experimentan la situación. Un ejemplo del ámbito familiar es cuando se solicita a los hijos que no hablen de algún tema que les resulta vergonzoso, como las adicciones o un caso de abuso sexual, y el chico necesita externar, asimilar e integrar lo que experimenta en torno a ello. Un ejemplo del ámbito escolar es cuando el alumno se siente intimidado ante un maestro que le grita o se desespera con facilidad, y teme comentárselo por miedo a que tome represalias contra él.

  • Escuchar, respetar y valorar los argumentos que comparten los chicos.

c Conclusiones

El bloqueo recurrente del desarrollo de la autoafirmación por parte de madres, padres y maestros es experimentado por niñas, niños y adolescentes como un atentado contra su derecho de expresión, diferenciación y valoración. Al vivirlo como un acto contra su derecho a la dignidad, y por lo tanto como una agresión, reciben una herencia personal desfavorable, pues no conocen el sentido del respeto, del cuidado y del amor; desarrollan una visión restringida del mundo y se acostumbran a responder a los demás con retraimiento o con agresión. Este tipo de problemas, en la medida en que se prolongan, afectan más la imagen y el valor que cada uno construye de sí mismo, dificultan el manejo de las relaciones interpersonales, bloquean la satisfacción de la necesidad de aprobación y reconocimiento, impactan negativamente en el proceso de identidad y en el desempeño académico, todo lo cual incrementa las dificultades hasta generar graves inadaptaciones sociales a lo largo de la vida.

La autoafirmación es una necesidad emocional de todo ser humano que requiere ser desarrollada desde la infancia para cuidar y mantener la dignidad personal; de lo contrario, llega a convertirse en una de las primeras causas que promueven la sumisión o la agresión, que a su vez, generan y mantienen la violencia.

Las personas adultas no tiene por qué saberlo todo, pero cuando están en interacción con menores de edad, ya sea por dedicarse al ámbito educativo o como padres de familia, deben reflexionar y detectar las maneras en que, aun sin quererlo, pueden bloquear el desarrollo de la autoafirmación en niñas, niños y adolescentes. Por ello es imperativo que aprendan a buscar ayuda e información para cambiar sus técnicas educativas negativas por técnicas asertivas y saludables.

c Referencias

CAMPS, Victoria (2021). Creer en la educación. La asignatura pendiente. Península. otrasvoceseneducacion.org/wp-content/uploads/2021/01/Creer-En-La-Educacion-Camps-Victoria.pdf Ir al sitio

GÓMEZ Pérez; Eva; y María Jesús Agudo (2002). Guía para la atención al maltrato infantil: Desde los servicios sanitarios. Universidad de Cantabria.

MUÑOZ, Fabiola (2000). Adolescencia y agresividad. Tesis de doctorado, Facultad de Psicología, Universidad Complutense. https://eprints.ucm.es/id/eprint/3039/1/T24725.pdf Ir al sitio

NARANJO, Ma. Luisa (2007). Autoestima: un factor relevante en la vida de la persona y tema esencial del proceso educativo. Actualidades Investigativas en Educación, 7(3), pp. 1-27. redalyc.org/pdf/447/44770311.pdf Ir al sitio

Real Academia Española (s. f.). Autoafirmación. Diccionario de la lengua española [versión 23.5 en línea]. https://dle.rae.es/autoafirmaci%C3%B3n?m=form Ir al sitio

STINGO, Nestor Ricardo; y María Cristina Zazzi (2005). Evaluación de la heteroagresividad.

VERTEX Revista Argentina de Psiquiatría, XVI (96), pp. 178-187. www.polemos.com.ar/docs/vertex/vertex61.pdf#page=19 Ir al sitio

Notas

* Licenciada en Psicología con maestría en Terapia Familiar y especialidad en Psicología Clínica.

c Créditos fotográficos

- Imagen inicial: Shutterstock

- Foto 1 a 4: Shutterstock

CORREO del MAESTRO • núm. 314 • Julio 2022